|
1ª VISITA DE INTERCAMBIO GIMNASIO
Corea: la tierra de la calma matutina y de la infinita amabilidad de sus gentes El 31 de Julio a las 10:30 de la mañana
nos encontramos en el aeropuerto de Barajas cuatro alumnos del Gimnasio
Kong In con el propio Maestro Doo Hyung Cho, el motivo era comenzar
un viaje que se había gestado meses atrás entre el Maestro
Cho y el Maestro coreano Park Hyung Kun, séptimo dan de Hapkido
de la escuela Bi Ho Kwan afiliado a la Korean Hapkido Federation para
realizar el primer viaje de intercambio entre alumnos del gimnasio del
Maestro Park y alumnos del gimnasio Kong In, que dirige el Maestro Cho.
Es importante recalcar que este viaje estaba al margen de asociaciones,
federaciones, etc. a las que ambos gimnasios pudiesen estar afiliados
y que se trataba como el Maestro Cho comentaba de un viaje de intercambio
"entre hermanos". Lo que para un coreano significa la palabra
hermano no lo entendimos hasta que no llegamos a Corea y vimos el trato
que nos dispensaron, pero de esto hablaremos mas tarde. LLEGADA A COREA Después de diez horas
y media de vuelo, entre Amsterdan e Incheon que transcurrieron sin ningún
tipo de incidente donde Fernando hizo gala de su indudable encanto personal
y de su físico de chico de metro noventa para en un inglés
mejorable pero eficaz "quedarse" con las azafatas y que no
nos faltase de nada durante el viaje (esta subida de autoestima sufriría
un duro revés en Corea). Por su parte Miguel Angel hizo una fenomenal
demostración de "adaptación al medio" siendo
capaz de quedarse dormido sin necesidad de pronunciar ninguna palabra
clave ¡Impresionante! (en una palabra) a voluntad propia, esta
demostración continuó posteriormente en los desplazamientos
que hicimos no importándole para nada el medio de locomoción,
¡es capaz de echar una cabezada donde lo pongan!. Nos presentamos de manera informal y arreglamos en primer lugar los temas de cambio de moneda y el alquiler de teléfonos móviles, ya que sabíamos por Miguel Angel, que los sistemas utilizados eran diferentes, además nos fue resolviendo los pequeños problemas que nos surgieron con relación al uso de los móviles. Aquí nos empezamos a dar cuenta de que sí bien la barrera idiomática es un factor importante (ninguno hablaba español y nuestro coreano está en sus primeros estadios) no es insalvable con buena voluntad y conocimientos de inglés por ambas partes, con nuestro anfitrión que estuvo ocho años en Australia y sobre todo con su hijo nos entendíamos casi perfectamente y nos hizo las veces de traductor junto al Maestro Cho cuando de lo que se trataba era de coreano español o viceversa. VIAJE HASTA KUMI La primera etapa de nuestro
viaje nos llevó hasta Kumi una pequeña ciudad de unos
150.000 habitantes al noroeste de Daegu la tercera ciudad del país
en la provincia de Gyeongsang del Norte que limita por el sur con Gyeongsang
del Sur donde se encuentra Busan la segunda ciudad en importancia de
Corea del Sur. Kumi sería nuestra base en los cinco días
que permanecimos en esta zona ya que todos los maestros que hemos mencionado
y alguno mas que nos faltan por conocer tienen sus gimnasios aquí.
El Maestro Choi Yong Sul considerado fundador del Hapkido abrió
su primer gimnasio en la ciudad de Daegu, estamos hablando pues de la
región que vio nacer al Hapkido, arte marcial que tuvimos la
oportunidad de comprobar que está muy enraizado en la cultura
y modo de vivir de las gentes de este pueblo. El desplazamiento de Incheon
hasta Kumi lo hicimos en el coche del maestro Park, en Corea se estilan
mucho los coches tipo monovolumen pero tamaño furgoneta, en este
viaje éramos nueve personas en el coche e hicimos el viaje con
toda comodidad. Corea dispone de una red de autovías/autopistas
francamente buenas, pero cada dos por tres había que pasar un
peaje, tuvimos la oportunidad de tener una primera toma de contacto
con el paisaje coreano aunque poco a poco el cansancio del viaje empezaba
a notarse, paramos en una estación de servicio a tomar un refresco
y lo que más te apetecía era volver al coche y a su aire
acondicionado, mientras viajabas te olvidabas de la temperatura pero
al abandonar el vehículo la sensación de calor se hacía
notar con toda su intensidad y mas teniendo en cuenta que nos dirigíamos
hacia el sur. Era chocante ver que con la que estaba cayendo la gente
estaba tomando comidas hirviendo, cuando a uno lo único que se
le venía a la cabeza era un gazpacho fresquito, parece ser que
esta costumbre tiene a la larga efectos bienhechores sobre la capacidad
de soportar el calor, en cualquiera de los casos no dejaba de ser chocante
eso y que la gente estuviese ya comiendo a las doce del mediodía. NUESTRA PRIMERA COMIDA Con el maestro Park Jung Hyung al volante seguimos hacia Kumi y a eso de las dos de la tarde, se desvió hasta un paraje realmente bonito y no demasiado lejos de la carretera donde paramos para comer en un lugar muy frecuentado por los coreanos en vacaciones y fines de semana conocido como el Río Oro. Fue nuestra primera toma de contacto con la comida tradicional y con la etiqueta coreana en la mesa, aunque me atrevería a decir que era una comida considerada informal. Como "hermanos invitados" fuimos tratados de forma excepcional lo que sería la norma durante el tiempo que estuvimos con ellos. En cualquier restaurante o casa coreana, dejas el calzado en la entrada, que suele estar a un nivel mas bajo que el comedor propiamente dicho y accedes al comedor que consiste en una sala con mesas bajas a una altura de aproximadamente unos treinta centímetros y te sientas directamente en el suelo sobre unas esterillas típicamente de mimbre con las piernas cruzadas, postura que para los no habituados puede resultar incomoda en un primer momento, sensación que va desapareciendo a medida que te acostumbras. La disposición de la comida en una mesa coreana, consiste en una serie de platos servidos en cuencos o platos pequeños que se comparten por todos los comensales, en casos como el nuestro que ocupábamos dos mesas estos platos se duplican, es decir en ambas mesas se sirven estos platos comunes, donde sin duda no puede faltar el tradicional Kimchi, que es un plato vegetal fermentado en sus múltiples variedades aunque sin duda la estrella es el Togbaechu kimchi, una especie de col fermentada con mucho picante, aunque te lo puedes encontrar de rábano cortado en cubos conocido como Kakdugi, de pepino (oisobaegi), etc., también es habitual una especie de sopa hecha con las hojas del nabo que se toma fría, muy curioso un plato de pescaditos minúsculos, tan pequeños que en un primer momento no parecen ni pescados porque están como entrelazados y cuyo nombre no recuerdo. Aquí en el Rio Oro el plato fuerte aparte de los comunes fue una especie de parrillada de pescado cocinada en la propia mesa, costumbre muy típica en los coreanos y que se compartía como casi todos los platos coreanos ya que la creencia común es que compartir la comida (comer a rancho) hace que la relación sea más cercana. Tampoco podía faltar a la mesa el cuenco de arroz blanco omnipresente en la mayor parte de las comidas y dejo sin nombrar una serie de platos como los tallarines, tortillas, etc., porque tampoco pretendo que esto sea una guía gastronómica. Los cubiertos típicos de los coreanos son sobre todo la cuchara (sukkarak), para las sopas y el arroz y prácticamente el resto de las comidas se comen con los palillos (chokkarak). Los palillos son metálicos y su sección no es circular sino que las dos superficies que se enfrentan para sujetar las viandas son planas, lo que añade una dificultad más a la hora de manejarlos, Miguel Angel y Fernando, los menos acostumbrados tuvieron sus mas y sus menos al principio pero terminaron convertidos en auténticos expertos ayudados por todos los maestros que en esta comida y en todas las siguientes estuvieron siempre dispuestos a mostrarnos la forma óptima de utilizarlos. La bebida por excelencia de las comidas coreanas es el agua, una de las primeras cosas que ponen en la mesa, los vaso pueden ser de plástico, vidrio e incluso de metal que recuerdan la forma de los recipientes para hacer flanes de nuestras casas. También es habitual el beber cerveza pero no vino y algo que no faltó nunca en la mesa mientras estuvimos en esta zona es el soju, originariamente elaborado con granos pero que ahora se produce de patatas dulces, su sabor recuerda al del vodka, un puntito más dulzón pero con bastante menos porcentaje de alcohol, sobre un 25%. Es tradición brindar con soju durante las comidas que se sirve en lo que sería el equivalente de nuestros "chupitos", la bebida se sirve de acuerdo a una etiqueta que comentaremos al hablar de nuestra primera cena, solamente hablar de la comida y de sus protocolos bastaría para llenar muchos folios y además sería pretencioso por mi parte querer hacerlo, eso se lo tendríamos que dejar al Maestro Cho, pero sirvan estos pequeños apuntes a modo de introducción. Una vez terminamos de comer nos ofrecieron café, que aquí suele ser siempre de máquina, y reempredimos el viaje hacia Kumi. Algo que me sorprendió agradablemente es que el paisaje de las zonas por las que íbamos pasando me recordaba a Galicia, mi tierra natal, sensación que me acompañó durante todo el viaje (tenía que decirlo) y que mis compañeros estarán hartos de oírme repetirla. Nuestra llegada a Kumi tuvo lugar un par de horas mas tarde sobre las seis y media de la tarde mas o menos y nos llevaron directamente al Hotel, el Maestro Cho nos había preguntado si queríamos habitaciones tipo occidental o bien la típica habitación tradicional coreana, nos decidimos por esta última excepto Mercedes que prefirió una habitación con cama convencional, cuando la ves te choca un poco puesto que consiste en un "futón" en el suelo con un edredón por encima y una almohada, pudiendo parecer incomoda por lo dura en un primer momento y hay que reconocer que teníamos nuestras reservas al principio, pero para que las veáis una imagen vale mas que mil palabras. Este tipo de habitación se conoce en coreano como ondolbang, aunque en realidad el nombre hace referencia al sistema de calefacción utilizado en las casas coreanas tradicionales que era un sistema de calefacción radiante bajo el suelo. A todo esto nos estuvo enseñando las habitaciones un Sr. Vestido de negro que al principio creímos que era uno de los encargados del hotel, pero cuando vimos que una vez instalados, duchados y cambiados de ropa nos llevaron a cenar y seguía acompañándonos ya no sabías muy bien donde encuadrarlo, en la cena nos fue presentado y resultó ser el Maestro Kim Song Kyung, séptimo Dan de Hapkido que también tuvo la amabilidad de venir a recibirnos junto al Maestro Kim Sung también séptimo Dan de Hapkido de la escuela Yon Bi Kwan. PRIMERA CENA Y EL PRESTIGIO DE UN MAESTRO Del hotel dentro de Kumi nos llevaron a un restaurante coreano, donde a la entrada a mano izquierda tenía compartimentos a modo de enormes acuarios donde estaba el pescado que más tarde cenaríamos en su versión de sashimi y sushi a la coreana, nos comentaban que eran peces característicos de Corea, me recordaban a un cruce entre rodaballo y un pez típico de los fondos de arena de algunas zonas de Galicia al que denominamos "sollas" que se cría muy cerca de las playas. En esta cena además de nosotros estaban los cinco maestros coreanos que hemos mencionado y el hijo del Maestro Park Hyung Kun, que amablemente seguía haciendo las veces de intérprete, en total éramos once personas que nos ubicaron en un reservado solo para nosotros. A pesar de que en el viaje hasta Kumi ya se podía intuir el respeto y la deferencia con la que el Maestro Cho era escuchado cuando hablaba, como la mayor parte de las conversaciones se desarrollaban en coreano tampoco nos enterábamos de mucho excepto cuando el Maestro Cho nos traducía algo que hiciese referencia a nosotros o cuando ellos mismos se dirigían a nosotros en inglés, pero si era patente quién era allí la persona de mayor rango y para eso no necesitas entender coreano, solo estar presente y ver la forma de actuar de unos y otros. Pero fue en esta cena cuando de verdad todos estos maestros nos hicieron patente de forma expresa su admiración por la trayectoria del Maestro Cho en el Hapkido, (si he dicho Hapkido, no le demos mas vueltas) a pesar de ser de estilos distintos.
Nosotros no teníamos ninguna duda sobre la valía personal y marcial del Maestro Cho, no en vano hace muchos años que nos conocemos y entrenamos con él, pero precisamente por esta cercanía al Maestro y dado el hecho de que lleva difundiendo el Hapkido en España durante mas de veinte años no imaginábamos que por estas tierras su prestigio fuese de la envergadura demostrada por estos maestros, de lo cual como alumnos suyos nos congratulamos sinceramente. Pero volviendo a la cena, como podéis ver en las fotos están llenas de distintos platos, en todo nuestro periplo por tierras coreanas, fácilmente llegamos a probar mas de cincuenta platos, aquí lo curioso fue que cuando llevábamos del orden de una hora y pico a la mesa, siempre comiendo y realizando los brindis oportunos, aquí quizás convenga hacer un pequeño apunte sobre protocolo aunque nada mas lejos de mi intención que intentar inmiscuirme en ese terreno, pero si es cierto que los coreanos ofrecen copas de soju (botellas verdes con etiqueta amarilla) como gestos de amabilidad, si le es ofrecida una copa vacía se espera que la sostenga para que le llenen la copa, vacíe la copa y luego la devuelva a la persona que se la ofreció, lo que ayuda a mantener una relación mas próxima en la mesa, se espera que el joven sirva al mayor o que el de menor rango sirva al de mayor que nunca debe tener la copa vacía, cuando te llenan la copa debes sostenerla ( no agarrarla) con las dos manos y el que te sirve usualmente asirá la botella con una mano y la otra la apoyará en el antebrazo, en un gesto similar como el dar la mano, en nuestro caso y dando una pincelada mas de la suprema amabilidad y cortesía con la que fuimos tratados, cualquiera de los maestros se desvivía en atendernos para que no nos faltase de nada y en la medida de nuestras posibilidades procuramos siempre corresponderles con el mismo tono con el que éramos tratados. Como decía a la hora y un poco mas de estar sentados a la mesa, aparecen tres enormes fuentes de sashimi y no se cuantas de sushi, la tardanza era evidente, había que prepararlo, realmente fue como empezar a comer otra vez. La forma de comer de los coreanos difiere bastante de la occidental, el comer para el coreano es casi siempre un acto social, comen pequeñas cantidades de comida de cada uno de los platos, dejan los palillos en la mesa, continúan charlando, efectúan un brindis y de esta forma la estancia en la mesa puede prolongarse durante mucho tiempo. Ninguno de nosotros tenía problemas con la comida coreana, la que peor lo pasó fue sin duda Mercedes puesto que aparte de no comer carne y no gustarle el pescado crudo ni el picante, en los días siguientes tuvo unos problemas estomacales que la tuvieron un tanto fastidiada. Los coreanos esperan cuando te invitan que al menos pruebes de todos los platos que sirven en la mesa, siendo considerada una falta de cortesía el no hacerlo. La cena transcurrió en un ambiente fenomenal siendo el maestro Kim Song Kyung, el gran animador por la parte que nos toca, puesto que es un hombre muy abierto y de una tremenda jovialidad, pero el denominador común expresado por todos ellos era "queremos que disfrutéis lo más posible vuestra estancia entre nosotros", y todos podemos dar buena fe que hicieron lo imposible para que así fuese. Después de dar buena cuenta del sashimi y del sushi, que por cierto no se terminó, y de realizar los últimos brindis nos despedimos y fuimos al hotel, para ser el primer día resultó muy completo pero nos acostamos teniendo la certeza de que habíamos acertado plenamente con este viaje. EN EL GIMNASIO DEL MAESTRO PARK HYUNG KUN Al día siguiente por la mañana nos recogieron para llevarnos al gimnasio del maestro Park Hyung Kun, que estaba cerca de Kimchon una ciudad vecina de Kumi. Aquí era donde iba a tener lugar la presentación oficial, nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos para allá. Cuando llegamos lo primero que nos sorprendió agradablemente fue ver que desde el tejado del gimnasio hasta prácticamente el suelo habían colocado verticalmente una pancarta de bienvenida, con la bandera española en uno de sus extremos y a continuación en coreano la leyenda España-Madrid. Otra pancarta similar estaba situada en una pared adyacente al local. La idea de los gimnasios difiere bastante de lo que en España estamos acostumbrados, te sorprende ver que no existen vestuarios tal y como nosotros lo entendemos y así los que practican Hapkido llegan al gimnasio con el dobok puesto listos para entrenar. A nuestra llegada nos recibió el maestro Park y pasamos al interior donde ya había niños entrenando en el dojang. El maestro Park los hizo formar
y el Maestro Cho realizó las presentaciones, después de
las cuales comenzó la clase y tuvimos la oportunidad de comprobar
"in situ" su estilo de Hapkido, destacando sobre todo las
caídas acrobáticas que realizan. Es evidente que aquí
el Hapkido se vive de otra forma, los niños comienzan a practicar
a edades muy tempranas y cuando llegan a la edad ocho o nueve años
son ya cinturón negro, además pasan mucho tiempo en el
gimnasio, antes de comenzar las clases ya estaban entrenando. Al finalizar
la clase el maestro Park nos entregó a cada uno un dobok rojo
como regalo, el mismo que luego veríamos usar al maestro Choi,
comenzando la sesión de fotos con los alumnos del maestro Park
(aquí solo mostramos algunas, en nuestra página web, colgaremos
la colección www.hapkidohae.com). Fue muy divertido porque se
notaba que especialmente para los mas pequeños éramos
una especie de "atracción", donde se mezclaba las ganas
de acercarse con la vergüenza que rápidamente vencieron
con el desparpajo típico de estas edades. Hubo un momento que
estando con un grupo de ellos les comentamos, en coreano, que éramos
un grupo de españoles que practicábamos Hapkido con el
Maestro Cho desde hacía ya varios años y que estábamos
encantados de estar allí con ellos y poder compartir con ellos
nuestro Hapkido, debieron de quedar tan sorprendidos por el hecho de
dirigirnos a ellos en su idioma, que comenzaron a aplaudirnos, lo que
no sabían es que ya habíamos agotado nuestro arsenal de
coreano, con lo que le habíamos dicho. Una vez terminada la clase tuvo lugar el intercambio de placas conmemorativas, para este acto y por deferencia nos vestimos la chaqueta del dobok que nos habían regalado. El Maestro Cho hizo entrega de la placa al maestro Park y el mismo con el maestro Kim nos hicieron entrega de las suyas. Por la tarde nos acercamos hasta un huerto de melocotones del maestro Park y recogimos una caja, era para vernos, con "dobok mixto", zapatos y gafas de sol, que luego comeríamos en el gimnasio, en un ambiente amigable y familiar. Mas tarde el Maestro Park tenía clase con otro grupo de chavales mayores, e hicieron una clase como de "exhibición" de su estilo de Hapkido, en el que predominan un trabajo muy fuerte de caídas, patadas y acrobacias, como ya comentamos no trabajan formas ni armas. Nos ofreció si queríamos continuar nosotros con la clase, pero como no era cuestión de abusar de su cortesía, declinamos su invitación. Después de esta clase tuvo lugar la correspondiente sesión fotográfica con los alumnos de este grupo. EN EL GIMNASIO DEL MAESTRO CHOI Este mismo día por la tarde visitamos el gimnasio del maestro Choi, donde se repitió el mismo protocolo, presentación por parte del Maestro Cho de nuestra expedición, asistimos a una clase, en la que de nuevo volvieron a realizar verdaderas acrobacias durante el calentamiento, mortales hacia delante, hacia atrás, etc. Una de las fases del calentamiento consistía en la realización de una especie de forma en el sitio en la que realizaban golpes de puño, patadas, etc, como anécdota en uno de los puñetazos usaban el puño en posición vertical. Fue curioso observar como durante la realización de unos ejercicios de estiramiento (apertura frontal de piernas) el maestro Park (dobok verde) se situó detrás de un CN de unos veinte años y lo forzó a realizar una apertura de piernas en la que al chaval casi se le saltan las lágrimas, pero que en ningún momento protestó o dijo una palabra. Lo mismo que en el gimnasio del maestro Park fuimos invitados a que continuásemos con la clase que en este caso se convirtió en una pequeña demostración de KIH, trabajamos fundamentalmente una serie de llaves desde cinturón blanco a cinturón negro que posteriormente practicaron los alumnos del maestro Choi, mientras nosotros se las explicábamos de forma individual y hacíamos las correcciones correspondientes, las edades de este grupo de alumnos eran muy diversas, desde niños muy pequeños a chicos y chicas con veintitantos años. Como se puede ver en las
fotos, en el grupo de alumnos del maestro Choi , no existe uniformidad
en el dobok como en nuestro estilo, sino que aquí el color depende
en gran medida del cinturón, choca bastante (por la falta de
costumbre) este estallido de color en una clase (verdes, blancos, rojos,
negros, azules y sus combinaciones). (continuará) (to be continued) |